Avidez de dulzura. Amb desig de dolç.

93198CC8-89C8-4618-A243-449E5BE56FB1.jpeg

Esta mañana al salir del metro he observado una cola de gente que pacientemente avanzaba con deseo hacia un puesto de periódicos de lectura rápida donde regalaban  esas pastas redondas con un agujero en medio.

Es evidente que una famosa marca de bollería está promocionando su producto, dulcísimo, graso, apetitoso, sabrosón, con aditivos varios y envasado en plástico.

Es evidente que esa conocida marca sabe de nuestra avidez por el dulce y nuestra tendencia a saciar el hambre emocional con bollería que dispara nuestros niveles de glucosa y de grasas en sangre y nos convierte en adictos al azúcar provocando que en su ausencia lo ansiemos.

El dulce, ese sabor que sentimos en la punta de nuestra lengua, EL PRIMER SABOR de nuestra existencia, el de la leche materna, el que nos alimenta, nos sacia, nos llena, nos mima, nos sana. El DULCE, ese sabor EMOCIONAL, que nos da placer y evoca momentos de bienestar y plenitud. Ese mismo es el que nos trae sin cuidado y nos crea adicción.

En la bollería, en las bebidas refrescantes, en millones de salsas, en las chucherías, en zumos, chocolates, galletas, en postres y en montones de platos, escondido tras la apariencia benevolente del azúcar, encontramos el dulce.

El azúcar nos llena emocionalmente porqué nos da ese sabor que relacionamos con el bienestar y que nos es placentero. El azúcar nos altera, nos posee y nos vuelve adictos. A menudo lo  dejamos a cargo de nuestras ansias, aún sabiendo que él es la fuente de ellas. ¿Quien no ha sucumbido a sus encantos en momentos de debilidad?

Pero hay otra cara del dulce. El dulce es ese sabor que también podemos disfrutar comiendo deliciosas frutas y verduras como las zanahorias, boniatos, cebollas, hinojo, tomates entre otras. El dulce lo saboreamos en especies como la canela, el anís y en frutos secos como los dátiles, orejones, pasas y frutos secos.

Integrado en alimentos reales, alimentos que hay que triturar, masticar, cocinar, mezclar, ahí también encontramos el azúcar que nos proporciona placer y nos hace bien, con mesura, sin ansias y más sostenible.

EL DULCE, SI, EN ALIMENTOS REALES.

Anuncios